5 formas más raras para bajar de peso

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Conoce las tácticas para mantenerse delgado en el siglo XIX y XX.

Quien más quien menos, seguro que a casi todos nos sobra algún kilo corporal. Hay quienes van al médico para seguir un régimen. Otros tratan de practicar algún deporte y de eliminar o bajar el consumo de grasas, azúcares y carbohidratos.

Muchos son los que siguen las dietas de moda, como el archifamoso método Montignac o la polémica dieta Dukan. Aunque a menudo se trata de pautas alimentarias, supuestamente milagrosas, que repercuten en la salud de las personas, lo cierto es que la humanidad lleva siguiéndolas desde hace siglos y siglos.

Los romanos y los griegos seguían dietas, aunque no por razones estéticas sino de salud y forma física. Desde entonces y hasta la época victoriana, la humanidad no comenzó a someterse a pautas alimentarias “rápidas”, como las modernas, con la intención de perder kilos de más.

Si bien hoy día proliferan decenas de tips para adelgazar, algunos bien raritos, este fenómeno no es nuevo.  A lo largo de la historia se han seguido recomendaciones para todos los gustos, algunas sumamente estrambóticas e incluso peligrosas, por lo que te traemos las 5 formas más raras para bajar de peso:

 

1.- La dieta de la lombriz solitaria. ¿Se imaginan ya con este título en qué consiste esta dieta? Pues sí. Las lombrices de la solitaria se pusieron de moda entre los dietistas a comienzos del siglo XX. ¡Y tuvieron muchísimo éxito! Por lo general, la gente se solía tomar huevos de esta lombriz en pastillas, puesto que se creía que el animal maduraría en los intestinos y, entonces, una vez allí, se dedicaría a absorber la comida; eso llevaría a una pérdida de peso (además de diarreas y vómitos).

Una vez alcanzado el objetivo, se tomaban otra pastilla antiparásitos para deshacerse de los anélidos. No obstante, esta práctica no tenía nada de inocua: el bicho podía llegar a alcanzar nueve metros y a provocar problemas graves de vista, demencia, meningitis y epilepsia. Se dice que Maria Callas, la cantante de ópera, era fan de esta dieta.

2.- La dieta del vinagre. Ahora lo ponemos en la ensalada y en algunos platos, pero durante algún tiempo, a comienzos del siglo XIX, estuvo muy de moda como remedio para perder peso. La culpa, en buena medida, fue de Lord Byron. Y es que este escritor, obsesionado con su figura, creía firmemente que beberse unos traguitos de vinagre a diario y comer papas impregnadas en él era una forma de mantener la figura. No obstante, aquel método también incluía vómitos y diarreas. Y como era tal la popularidad de este poeta inglés, muchos corrían a imitarlo, sobre todo los jóvenes con aspiraciones intelectuales.

De hecho, la generación del Romanticismo, a menudo se limitó a alimentarse a base de arroz y vinagre, para así potenciar la delgadez y palidez que caracterizaba a los poetas de moda de la época.

3.- ¿Envenenarse? Mucha gente buscaba curas milagrosas que borraran como por arte de magia las odiosas lonjitas, sin reparar demasiado en los ingredientes ni tampoco en los efectos secundarios. Así en el siglo XIX era frecuente ver charlatanes que vendían supuestas pócimas y remedios que contenían nada menos que… ¡arsénico! Aunque, claro, no se lo decían a sus clientes. Y, como con frecuencia, la gente solía ingerir más de la dosis aconsejada de aquellos “medicamentos” pensando que así obtendrían resultados más rápidos, pueden imaginar cómo acababan…

4.- La dieta de masticar y escupir. A principios del siglo pasado, se puso de moda para perder peso masticar y escupir la comida. La idea era extraer de los alimentos todos los nutrientes en la boca y, luego, en lugar de tragarse el bolo alimenticio, echarlo. ¡Masticaban hasta 700 veces un mismo bocado! Henry James y Franz Kafka fueron dos de los seguidores de este método.

5.- El corsé de caucho. Por suerte, en este caso, ¡no se comía! Aunque quienes optaron por seguir este método pasaron por un buen harakiri. Con la Revolución Industrial, el uso del caucho o látex se extendió mucho y comenzaron a fabricarse corsés e incluso ropa interior de goma. Se pensaba que aquel material, además de apretar las carnes y disimular las redondeces, provocaba que quienes lo llevaran sudaran y que eso les hacía bajar kilos. Tanto hombres como mujeres los usaban, a pesar de que les provocaba heridas en la piel que tendían a infectarse. La moda llegó a su fin cuando en la I Guerra Mundial la industria militar comenzó a reclamar todo el caucho posible.

OPEN MIND

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