¿Existe el gen de la homosexualidad?

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Hoy en muchas ciudades del mundo se celebra el día delOrgullo LGTB, que recuerda los conocidos como disturbios de Stonewall, en Estados Unidos, que marcarían el inicio de las reivindicaciones de este colectivo. Desde un punto de vista científico, siempre ha habido acaloradas discusiones sobre si existía o no el famoso gen de la homosexualidad.

Hoy en ALT1040 os contamos qué sabemos sobre la orientación sexual desde un punto de vista científico. ¿Es un factor genético u hormonal el que determina que alguien sea gay, lesbiana o bisexual? ¿Influyen determinadas condiciones ambientales? ¿Somos libres para decidir qué sexo nos atrae?

Las cuestiones que nos planteamos son, sin duda, polémicas. Pero no tanto porque la ciencia no desee indagar en ellas, igual que en cualquier otro tema que pueda resultar de interés. Más bien, porque ante la pregunta sobre si existe el gen de la homosexualidad, deberíamos plantearnos también la contraria: ¿existe un condicionante para ser heterosexual? Quizás evitaríamos en parte la polémica inicial si simplemente tratáramos de averiguar si la orientación sexual como tal está o no condicionada de alguna manera a nivel fisiológico.

¿La orientación sexual nace o se hace?

Uno de los debates más encendidos en torno a la orientación sexual se basa en si la orientación sexual nace o se hace. ¿Estamos condicionados, o por contra tenemos la libertad de elegir quién nos atrae? Lo resume bien Pere Estupinyà en su libro ”S=EX2, la ciencia del sexo”, en el que dice:

Investigar el origen de la homosexualidad tiene un punto intrascendente a nivel práctico, […], pero nos ofrece un muy buen ejemplo sobre el eterno debate filosófico y científico entre el peso de los determinantes biológicos y la socialización en el desarrollo del comportamiento humano

Partiendo de esta premisa, podríamos pensar que el eterno debate de nature vs. nurture no es más que una cuestión para marear la perdiz, como se suele decir. En otras palabras, es posible asumir que los condicionantes biológicos no son excluyentes del entorno, y que en cada caso, unos factores u otros tendrán más o menos peso.

La visión más biologicista de la orientación sexual asume que, debido a la selección natural, ‘tendemos a buscar’ una pareja con la que reproducirnos, y que esa atracción sexual vendría mediada por una serie de piezas biológicas, entre las que encontraríamos algunos genes u hormonas. Sin embargo, el propio Estupinyà cuenta en su libro que se han observado comportamientos homosexuales y/o bisexuales en más de mil quinientas especies. ¿Qué es entonces lo que no es natural? ¿La homosexualidad o la homofobia?

Aunque la orientación sexual no puede ser comparada al 100% entre especies animales y los seres humanos, sí que es cierto que en la naturaleza existe una gran diversidad de contactos sexuales. Una vez dicho esto, y analizando la orientación sexual desde un punto de vista puramente biologicista, ¿existe el gen de la homosexualidad? ¿Son las hormonas las que condicionan nuestra atracción? ¿O ninguna de estas preguntas es cierta?

La genética de la orientación sexual

Algunos estudios publicados durante la década de los noventa afirmaban que existía una ciertapredisposición genética en torno a la homosexualidad masculina. En particular, se sugirió que polimorfismos en el gen Xq28 podian relacionarse con la homosexualidad en varones.

Sin embargo, la evidencia científica posterior sugirió que esta hipótesis no era cierta. No existía un gen de la homosexualidad, como confirmaron análisis publicados en la prestigiosa revista Science. Y es que de haberlo habido, la discusión y el debate hubieran sido más complejos.

¿Podría ser patentada su secuencia genética? Incluso entre comunidades radicales, recordando las famosas prácticas aberrantes de la eugenesia, se podría haber valorado la opción de ‘disminuir’ el número de personas portadoras del gen de la homosexualidad. Naturalmente, el debate estaba totalmente latente. Y la existencia de un gen candidato a condicionar la predisposición sexual, podría acarrear problemas en cuanto al ejercicio de nuestros derechos y libertades más fundamentales como personas.

Hoy sabemos que no existe, o al menos se desconoce, que haya un gen que nos haga ser heterosexuales u homosexuales, presentar atracción por ambos sexos o no tener deseo sexual. ¿Pero qué ocurre con el epigenoma? Aunque a día de hoy no hay estudios suficientemente fuertes y contrastados como para hablar de que la orientación sexual viene mediada por el epigenoma, lo cierto es que existen hipótesis que apuntan, desde una perspectiva puramente biologicista, que deberíamos indagar en esa dirección.

El año pasado, de hecho, se publicó un trabajo en la revista The Quarterly Review of Biology, en el que se hablaba de que más que fijarnos en los polimorfismos genéticos, la orientación sexual podría venir determinada por las marcas epigenéticas.

OPEN MIND

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